Hace muchos años, por desgracia mi abuelo materno falleciò.

Era un hombre polifacètico, muy inteligente y un gran matemàtico (creo que de ahì mi capacidad para los nùmeros)

Podìa tener muchos defectos como marido o como padre pero lo que no tenìa era ni la mìnima pega como abuelo. Jugaba con nosotras (sus nietas) todas las tardes, haciamos de èl lo que querìamos pero lo que màs nos gustaba, era cuando los domingos el acostado en su cama, mi prima y yo nos acurrucabamos a su lado y nos contaba grandes cuentos e historias.

Cuando mi abuelo falleciò pocas cosas me quedaron de èl porque mi abuela no querìa que conservaramos sus cosas, pero algunas de ellas pude salvar. Su colecciòn de sellos, la de postales (coleccion que yo segui ampliando) y un gran libro que pude salvar de la quema. El libro que mi abuelo me leyò en multiples ocasiones y el cual se ha convertido en uno de mis favoritos : Las mil y una noche

Hoy os quiero dejar un relato corto de ese libro que aunque supongo que todos conoceis, me encantarìa que pudierais recordar :

El signo de la muerte


Un joven jardinero persa dice a su príncipe:

—¡Sálvame! Encontré a la Muerte esta mañana. Me hizo un gesto amenazante. Esta noche, por milagro, desearía estar en Ispahán.

El bondadoso príncipe le presta sus caballos. Por la tarde se encuentra en la plaza con la Muerte y le pregunta:

–Esta mañana, ¿por qué hiciste a nuestro jardinero un gesto de amenaza?

–No fue un gesto de amenaza –le responde– sino un gesto de sorpresa. Pues lo veía lejos de Ispahan y quería recordarle que allí tenemos una cita esta noche.